lunes, 29 de diciembre de 2008

Ley de Murphy en sierra nevada

1. Si algo puede salir mal, saldrá mal.
2. Todo lleva más tiempo del que usted piensa.
3. Si existe la posibilidad de que varias cosas vayan mal, la que cause más perjuicios será la única que vaya mal.
4. Si usted intuye que hay cuatro posibilidades de que una gestión vaya mal y las evita, al momento aparecerá espontáneamente una quinta posibilidad.

Y con esos cuatro corolarios me quedo, y con cierto fundamento...

Había un plan en mente desde hacía mucho tiempo que consistía en subir al techo de la península, que viene a ser el señor Mulhacén con sus ~3480m. Aunque el parte meteorológico no fuera de los más sugerentes, cuando hubo ocasión salimos de Madrid hacia las 5:00AM rumbo al sur un colega, su amigo y yo. Pero debido a que uno de ellos se le olvidó alquilar los crampones en Madrid (pese a que le avisé con tres días de antelación), y ninguno de los dos había comprado la comida aunque acordamos también previamente que cada uno se traería la suya de casa, improvisamos rápidamente un plan para ponerle solución y nos desviamos a Granada. Esto nos provocó un retraso de unas tres horas, donde por lo menos pude zamparme un gofre en un bar sobre las 12:30. Confieso que me molesto bastante tener que desviarme, puesto que yo si tenía disponible todo el material y todas las provisiones acordadas, y para colmo había estado conduciendo como un chofer mientras ellos dormían en vez de dar algo de conversación. Además, iba yo pensando, que cuanto más se tardase más blanda estaría la nieve para caminar y sería peor. (Y para más Inri, me pusieron una multa en la AP6 por exceder en 12km/h la velocidad de la vía)

Empezamos bien.

Finalmente llegamos a las 14:00-14:30 al refugio militar en Sierra Nevada después de mucho sudar para aparcar el coche. Habíamos escogido la ruta de la estación de esquí en vez de partir de la hoya del portillo, por ser esta ruta mucho más corta y directa (lo que parece haber sido ya en casa una mala elección).

Cuando estaba preparándome, curiosamente a ellos les entro una prisa loca para recuperar el tiempo perdido, y mientras yo me estaba cambiando ellos estaban en la línea de meta esperando el pistoletazo de salida. Cuando terminé y me dirigí hacia ellos simplemente echaron a andar. Yo quería haber calentado y más después de haber sido un día bastante duro para mí con seis horas de carretera sin haber dormido (al contrario que ellos) y sin haber comido nada más que un gofre hacia la una en granada. Para darle un poco más de alegría a la situación, yo no sé qué hago mal que siempre mi mochila siempre es la que más pesa (si bien es cierto que vacía pesa 3.2kg y que con los 1.8kg del saco solo con el saco ya tengo 5kg). Así que entre el peso del macuto que rondaría los 23kg (que ronda el 40% de mi peso), la escasa nutrición, y que para curar una otitis que arrastraba de unos días estaba medicado con antiinflamatorios y antibióticos que me hacían sentirme más débil, rápidamente me quede atrás aunque al principio no le di importancia.

Para ir más rápido, en vez de seguir una pista marcada que llegaba hasta el refugio, ellos que iban en cabeza decidieron ir monte a través directos al Veleta, acortando la distancia pero aumentando considerablemente la pendiente.

Conforme iba avanzando, detecté un problema en los crampones que ajustaban bastante mal y me hacían ser propenso a torceduras de pie. Cuando quise pararme para solucionarlo, dijeron que continuara que daba igual que ya lo haría luego (que solidaridad desprendía ese comentario, ahí si me empecé a mosquear). Cuando lo solucioné tristemente vi que ya estaban realmente lejos, y tuve que forzar un poco la máquina para cogerles y entonces pasó lo que era más que previsible, toma sobrecarga muscular en la cadera (probablemente abductores). Así que si querías caldo toma siete tazas que ahora había que coger a estos descendientes de Carl Lewis cojeando.

Al principio era un dolor en la pierna izquierda que se podía aguantar sin problemas, pero conforme empecé a subir bordeando las pistas de esquí, la pronunciada pendiente lo hacía insoportable y me obligaba a parar cada tres pasos. Los esquiadores fueron muy amables y les estoy profundamente agradecido por animarme al verme en esta situación, puesto que mis compañeros se habían ido hace mucho y ni si quiera les veía. A todo esto, iba yo pensando que no había comido nada desde las 12:30 y ahora eran más o menos las 16:00, pero si me paraba a comer algo definitivamente iba a tener que ir solo hasta el refugio Carihuela.

El paisaje de remontes y balizas me resultaba bastante extraño de ver y no me terminaba de acostumbrar a una ascensión de esa forma. Es como una zona "mancillada" por la mano del hombre que ha perdido su toque silvestre, si encima a eso añadido que por el dolor que me causaba la pendiente y presionado por ser el más lento, la consecuencia fue que no disfruté nada en absoluto la ascensión y apenas hice fotos de esta escapada. No recordaba haber estado tan exhausto antes, y eso me preocupa, no es para nada lo habitual y no se lo achaco a la altitud por haber estado haciendo varios dosmiles antes.

Al acabar una de las primeras pistas me los encontré sentados en una baliza, bebiendo y tomando algo de comer. Me preguntaron que porqué tardaba tanto, les informé de mi lesión y que al no poder continuar a ritmo normal probablemente me tendría que dar la vuelta. Me respondieron que aguantara que no estaba muy lejos el refugio, que avanzarían por delante pero que pararían de vez en cuando, así que les hice caso fiándome de sus palabras. Y efectivamente pararon con más frecuencia, pero cuando yo me acercaba una vez me veían cerca se ponían las mochilas y seguían andando sin darme oportunidad a mí de descansar un mísero ratito. Finalmente desmoralizado por completo, me pare a comer algo y a beber (que no había bebido nada desde que salí por no perder tiempo, y estaba realmente deshidratado), serían sobre las 18:00 más o menos. No he andado más lento en mi vida, y este ritmo queda muy lejos de aquel que tan satisfecho me dejo en Gredos donde cubrí la etapa Plataforma-Elola en una hora y media, incluyendo los descansos para beber y hacer fotos.

Cuando les volví a alcanzar, por fin tuvieron más en consideración mis palabras al verme tan hecho polvo. Viendo mi penosa situación, les dije que me pensaba quedar a hacer noche en la caseta del telesilla del veleta a modo de refugio, y que al día siguiente continuaría pero hacia abajo dado que me iba a ser imposible seguir ascendiendo con esta lesión. De nuevo insistieron en que continuara que el refugio estaba cerca y tonto de mí les volví a hacer caso. Ahora mismo desde mi silla frente al monitor, de haberlo sabido no lo hubiera hecho porque entre otras cosas, hubo un tramo repleto de nieve virgen bastante profunda que hacía que te hundieras hasta la cintura, y levantar la pierna para sacarla me causaba un tremendo dolor.

Como el mapa no lo tenía a mano (estaba en la seta de la mochila) me tenía que fiar de sus palabras, pero al parecerme demasiado subjetivo ese "está cerca, tu sigue" quería consultarlo físicamente (pese a que uno de ellos llevaba el mapa colgando del cuello, que no me lo enseño con el fin de ganar tiempo y continuar).

No me podía permitir en medio de la ventisca que se estaba gestando y encima anocheciendo, tener que darme la vuelta por si no podía continuar por el dolor. Así que hasta las mismísimas narices ya, me pare a sacar el mío y de paso el frontal puesto que ya anocheció, sería sobre las 19:00-19:30. Para manipular las cremalleras de la seta, tuve que quitarme los guantes todo ello en medio de una ventisca feroz con unas temperaturas de -9º, como la sensación térmica era horrible hizo que me quedará cerca de la hipotermia por enfriarse el sudor debajo de mi chaqueta de Gore-tex (que su fama no viene por abrigar precisamente), y perdí la sensibilidad en mis dedos pese a que apenas llegó a los tres minutos sin guantes.

Ahí sí que me quede blanco del susto y con la poca moral que me quedase por los suelos. Nunca había experimentado un frio tan devastador y lo último que me faltaba era tener un principio de congelación. No podía mover apenas los dedos, mordiéndolos no los sentía y chupándolos estaban como un cubito de hielo. Sin perder ni un segundo rápidamente me puse a hacer ejercicios para recuperar el calor y la circulación, y afortunadamente surtieron efecto.

Una vez con la sensibilidad recuperada, y la temperatura corporal más o menos estable, me había quedado completamente solo (para variar) en medio de la ventisca y con una visibilidad de unos cincuenta metros. Cosa que no me hizo ninguna gracia por si me quedaba tirado totalmente exhausto o perdido dando vueltas, lo único que se distinguían a lo lejos eran las luces de las maquinas de la estación.

Por lo menos, rastrear no se me da mal y las condiciones visuales eran lo suficientemente favorables. Así que di con las huellas de sus crampones y las seguí, el refugio estaba a menos de un kilometro y no había mucha pendiente luego compensaba avanzar.

Cuando llegue al refugio sobre las 20:00-20:30, les eche una señora bronca por dejarme tirado en esas condiciones y me respondieron yéndose por las ramas que no era para tanto, que estaban muy cansados y que nos convenía descansar a los tres. Mi enfado era descomunal ante semejante cara dura. En mi vida he visto un "grupo" tan a su bola, para ir así a la montaña mejor voy solo que lo disfruto mucho más.


El refugio Carihuela


En el refugio nos encontramos con un inquilino del norte de Inglaterra bastante simpático y su perro. Nos preparó un fabuloso té de bolsa como recibimiento, y aunque no tenía azúcar por estar caliente hacía que fuera néctar de dioses.

Después de cenar, fuimos todos rápidamente al saco a dormir, y pese a ser de sueño ligero, de lo agotado que estaba caí como una piedra. Sin embargo, la altitud dificulto un poco el sueño de mis “compañeros” y me despertaron varias veces haciendo que descansara bastante mal. También no facilitaba mucho el descanso la baja temperatura dentro del refugio, que rondaba los -8ºC, y que hacía que el salir a realizar las necesidades pertinentes fueran todo un drama, agravado por un viento huracanado acompañado de nieve.

A la mañana siguiente, aunque en parte me lo esperaba, me sorprendió que se hubieran congelado las botellas de agua, pero lo que si me dejo mudo de impresión es que se congelara también el líquido de las lentillas, la pasta de dientes, los zumos... absolutamente todo. Después de descongelar el desayuno, al ver que el dolor en mi pierna no remitía decidí bajar al refugio juvenil en Pradollano y esperarles ahí mientras ellos trataban de hacer cumbre.

Así pues, nos despedimos deseándonos suerte mutuamente, aunque hubo otro hecho que también me toco notablemente las narices. Había dos cámaras, pero una de ellas se olvido dentro del coche y no era la mía precisamente, así que me la pidieron para hacer fotos de su ascenso. Encima de que he ascendido penosamente sin ayuda y solo, que me vuelvo solo, sin cumbre, lesionado, y que os voy a tener que esperar dos días también solo y pagando el alojamiento, ¿Me voy a quedar también sin ningún recuerdo fotográfico? Anda ya, una cosa es ser solidario y otra idiota. Me pareció un abuso completo y un egoísmo desproporcionado. Solipsismo y montañismo no gracias.

Una vez se fueron y para irme al menos con algún tresmil en el bolsillo subí sin macuto a un pico próximo al refugio que tenía muy buenas vistas, y al Veleta. Que como había poca pendiente e iba sin mochila, no dolía.


Pico sin nombre


Pese a ser mi primer pico "oficial" de más de tres mil metros, los ~3396m del Veleta no me dejaron buen sabor de boca como otros. Ver una caseta, balizas y demás material meteorológico o de la estación de esquí no es lo más frecuente en una cumbre, y sabiendo que en verano tiene una carretera directa hasta su cima hacen que no resulte muy meritorio. Es una montaña profanada.


Cima del Veleta


Después de ver el Mulhacén desde el veleta y sabiendo que tristemente habría que dejarlo para otra ocasión, hice algunas fotos y practicando el mítico culoesquí y de paso practicando algo de autodetención fui descendiendo, cogí el macuto en el refugio y emprendí la marcha hacia el albergue.


Vistas del Mulhacén desde el Veleta


El descenso pese a hacerlo en completa soledad lo disfrute muchísimo, nada que ver con el día anterior. No había dolor, iba a mi aire entre la ventisca y la niebla haciendo algunas fotos, estudiando un poco la nieve repasando las nociones de nivología y viendo a los esquiadores bajar por las pistas. Hasta un fuerte viento que casi me hace volar un par de veces me estaba devolviendo la sonrisa, no tenia frío y me sentía cómodo. Y pocos paisajes de montaña habrá más hermosos que ver el viento ondular a ras de suelo entre los sastrugis o formando curiosas nubes en las cumbres.


Descansando en un refugio improvisado


Una vez abajo en el albergue, me sentía un poco mustio por no poder haber tenido la oportunidad de ascender al Mulhacén. La extraña falta de fuerza física y el dolor me dejaron muy mellado moralmente y ahora debía esperarlos dos días en soledad hasta que regresaran para volver a Madrid. Poco emocionante pintaba el plan, pero al menos hubo un golpe de suerte.

Al día siguiente conocí a mis compañeros de habitación, dos paisanos de Elche muy simpáticos que venían a hacer snowboard a sierra nevada. Me invitaron a acompañarles a esquiar y me ofrecían su material para que no tuviera que alquilar nada. Era una oferta que no podía rechazar que hacia como cinco años que no me subía a unas tablas. Como me gustan los refugios y sus gentes.

Pese a no haber seguido esquiando desde hace tiempo, esto es como montar en bicicleta y no se olvida. Me veía con bastante nivel y bajaba ágilmente con seguridad por las pistas rojas sin problemas con el viraje en paralelo. Lamentablemente esa sensación cambio al tener una única caída en todo el día pero muy fuerte durante un giro muy cerrado. Las palas de los esquís estaban vibrando bastante, y eso hizo que una de ellas se clavase en un pequeño hoyo en la nieve y la otra continuara por encima. Cuando me detuve note un tremendo dolor fortísimo en la rodilla mientras mis compañeros ilicitanos me preguntaban si estaba bien y quería avisar a la moto de nieve.

Cuando se me pasó un poco, me contaron que la torta fue espectacular y si me convenía seguir esquiando. Yo continué haciéndolo porque paradójicamente mientras lo hacía no me dolía apenas (y además me lo estaba pasando como un enano), pero una vez cerraron la estación y se enfrío me empezó a doler de una forma insoportable. Gravísimo error no haber calibrado las fijaciones acordes con mi peso.


Esquiando en Sierra nevada


Ley de Murphy.

Así que cojeando como un pirata de las películas con su pata de palo por culpa de la rodilla, y un andar bastante raro por el dolor en la cadera en la pierna izquierda, me pase el resto de los días en el albergue junto a los compañeros de habitación. Al menos, gracias a su simpatía se hizo mucho más amena la espera del regreso de mis otros "compañeros, que si hicieron cumbre, aunque tuvieron un día que lo pasaron bastante mal por unas condiciones extremas de niebla con White Out combinado con una ventisca muy fuerte. Pese a todo me daban bastante envidia, y con mi cojera se iban al garete mis planes pirenaicos de enero y mi vuelta al esquí.

Y de esta forma concluyó mi accidentada escapada a Sierra Nevada de la que no guardo muy buenos recuerdos desgraciadamente.

Posteriormente comentándole todo esto a una amiga, me decía que le parecía fatal lo que hicieron, que debían haberme acompañado durante la ascensión, y durante la vuelta por si me pasaba algo que ya se haría en otra ocasión el Mulhacén. A mí no me dolía al bajar, y yo por lo demás me encontraba bien. No veo porque iban a tener que cancelar sus planes de ascensión Pero eso sí, de haber sido algo grave a saber que habrían hecho. Y lo que si no tiene ninguna excusa ni para mi amiga ni para mí, es que me dejaran tan tirado, que pudo haber terminado en algo peor (aunque ya es difícil).

La verdad es que, aunque el ambiente no fue en absoluto propenso para ello, gran parte de la culpa de mi lesión en la cadera (si no toda) es mía por no calentar y por forzar en vez de ir al ritmo que demandaba mi cuerpo. Lo que sí está claro como el agua, es que hay gente con la que no merece la pena ir a la montaña ni compartir ninguna clase de experiencia. También se puede aprovechar estos sucesos para hacer examen de conciencia por si alguna vez yo me he comportado de forma individualista sin esperar a los que lo han necesitado para remediarlo en el futuro.

En fin, ya tendré ocasión de volver pasado el tiempo, que la montaña no se va a mover de ahí.

4 comentarios:

Jimmy Alberto dijo...

Me has hecho recordar algo similar que me sucedio hace como 5años que empece a hacer montaña(aca en Perú)...resulta que acababa de volver de Madrid muy emocionado por iniciarme en el Montañismo(en actividades muy simples, pero que disfrute muchisimo, con muy buenos amigos del CMC), fue asi que poco despues de mi regreso fui invitado ha hacer una ruta bastante exigente(al menos en ese tiempo para mi lo era, dada mi inexperiencia y falta de practica) y pues mis supuestos amigos terminaron siendo casi del tipo que relatas(aunque un poco menos cara duras...no me pidieron al menos mi camara mientras yo me retorcia de acalambramientos para sacarse fotitos..simplemente me dejaron a la deriva, al final siguiendo rastros logre llegar ya entrada la noche al pueblito de destino), menos mal el gusto y la pasión por las mismas pudo más y continue en este mundillo(suerte que tipos como los de este relato no son muchos), ahora aunque sin ser ningun experto tengo algo de experiencia que me permite ayudar a los amigos con menos experiencia que me acompañan(siempre me acuerdo de lo que me sucedio en mis inicios) y creo haber encontrado tambien algunos amigos en los que si puedo confiar(y quienes confian plenamente en mi), finalmente la montaña siempre estará ahi y siempre podremos volver..en cambio los verdaderos amigos(en mi opinion muy personal y no espero que la compartan en lo absoluto) estaran con nosotros y preferirán volver con nosotros en otra ocación(aunque claro, nadie puede obligar nada a nadie..para mi es cuestion de principios y aunque hasta ahora nunca he avandonado una ruta, no sería egoista como para pedir que el resto avandone por mi culpa..pero si apoyaría a que ellos continuen, no obstante es en situaciones dificiles donde se conoce a la gente...pero en tu caso, a sabiendas de una lesión pues ni modo, era una locura forzarte a seguir y ni por lo menos sugerirte algo de ayuda con el peso o preguntarte si preferías que bajaran).Disculpa me extendiera tanto al escribir..supongo me dan rabia tipejos como los de este relato. Gracias Jaime nuevamente por el blog(mira pues,llegue a tu blog de casualidad buscando algo de info sobre que crampones le pongo a mis botas semirigidas..gracias a tu blog ahora ya lo se). Saludos cordiales; Jim.

Wolf dijo...

Hola Jimmy Alberto.

Los comentarios da igual que sean extensos, yo me los voy a leer encantado igualmente.

La montaña (y las situaciones límite en general) te sacan lo que llevas dentro de ti. En mi caso me ha servido muy bien para conocerme mejor y preveer como voy a reaccionar en situaciones extremas. Ahora, eso también se aplica a los demás, y en este ocasión descubrí que aquellos a quien veía como compañeros fieles resultaron no serlo en absoluto. La montaña entre otras cosas, tiene esa consecuencia en los demás. O estrecha increiblemente los lazos de la amistad, o los deteriora al descubrir ese lado oscuro de cada uno.

De la experiencia por lo menos saco algo en limpio, no hagas lo que no quieras que te hagan a ti, y sirve para recordar esas veces en que he podido ir más adelantado en lugar de acompañar a alguien que necesitaba un poco de apoyo, y así no hacerlo nunca más.

La verdad es que en ciertos casos es mejor solo que mal acompañado aunque el desarrollo de la actividad no sea la misma. Cosas que pasan y se aprenden por ensayo y error supongo. Lo que si tengo claro es que yo jamás dejaré la montaña salvo causas de fuerza mayor, ya que para mí no es un deporte si no una forma de vida.

¡Un saludo, y a explorar lo desconocido!

Anónimo dijo...

Hola Amigo Wolf, yo no iria con "compañeros de esos" ni a por esparragos. Imagino que desde esa experiencia serás mas selectivo a la hora de elegir a tus acompañantes, pues en casos extremos, te puede ir la vida en ello.
Un saludo y felicidades por tu maravilloso blog

Wolf dijo...

Muy buenas anónimo.

Yo tampoco, pero en ese momento no me daba cuenta de con quien iba. Desde luego su demostración de compañerismo me ha hecho ser más selectivo y que no me importe lo más mínimo el hacer salidas en solitario, como bien dices, en ciertos casos puede resultar hasta peligroso. Se nota bastante cuando te acompaña gente que merece la pena.

Saludos, y muchas gracias por tu comentario.